La irrupción del tema sexual como un objeto de estudio a partir de principios del siglo XX, liberándolo de los prejuicios “morales” y de la visión puramente “fisiológica”, ha permitido ver las propiedades benéficas en la salud humana y en el estado de ánimo general de las personas.
Puede decirse ya, con convicción, que la actividad sexual plena mejora la autoestima y revitaliza a los hombres y mujeres en general.
Un complejo sistema biológico se activa durante las prácticas sexuales y, aunque aún en estudio, la bioquímica del sexo puede ir demostrando los beneficios que aportan a los individuos y, por transición, a la sociedad toda, una vida sexual plena.
Reproducimos algunas descripciones técnicas que explicarían ciertas circunstancias:
En el proceso previo a la relación sexual, durante los juegos de deseo y seducción, se segregan estrógenos por parte de la mujer y testosterona por el hombre. Las primeras hormonas sexuales conservan la atracción femenina, el cabello, la piel y reducen el apetito. La segunda hormona activa la libido, la fuerza muscular, la erección, la producción de semen y disminuye la grasa abdominal. Todas ellas poseen reconocidas propiedades antidepresivas y disminuyen tanto la irritabilidad como la angustia.
Otra sustancia que entra en escena antes del estallido del clímax es el óxido nítrico, sustancia vasodilatadora que permite la erección en el hombre y la lubricación en la mujer, mejorando por tanto la circulación en general.
Durante el orgasmo, la sensación más placentera que puede experimentar el ser humano, se produce un verdadero tsunami biopsicológico con una impresionante descarga de hormonas, enzimas y fluidos. La oxitocina controla el placer sexual, las endorfinas poseen propiedades sedantes y analgésicas, y la prolactina genera la sensación de saciedad sexual temporal.
Después del orgasmo, los neurotransmisores dopamina, serotonina y noradrenalina decretan devuelven al cuerpo a una situación de calma y equilibrio, de ahí que el sexo posee una función reguladora del sueño.
(fuente: www.sxc.hu)
Quienes logran una actividad sexual plena pueden, además de mejorar su estado de ánimo general, tener una mayor y mejor calida de vida general.
Una sociedad con individuos satisfechos, con expectativas y proyectos, puede restar violencia a las relaciones entre sus miembros. Más allá de otros factores sociales y económicos que hacen a la armonía social, restar frustraciones, resentimientos, prejuicios y odios contenidos, aportan una cuota importante.
Ver a la sexualidad como parte esencial de los derechos de los individuos, el respeto a la diversidad de opciones sexuales son características de una sociedad a la que hay que aspirar.
Un factor importante, también, es la información sobre estos temas. Las personas que tienen acceso a la información abierta y libre de prejuicios en temas de sexualidad pueden desarrollar su vida cotidiana alejándose de riesgos para su salud y para la salud general.
Una vida sexual plena es ya un derecho y una necesidad para todos.
Puede decirse ya, con convicción, que la actividad sexual plena mejora la autoestima y revitaliza a los hombres y mujeres en general.
Un complejo sistema biológico se activa durante las prácticas sexuales y, aunque aún en estudio, la bioquímica del sexo puede ir demostrando los beneficios que aportan a los individuos y, por transición, a la sociedad toda, una vida sexual plena.
Reproducimos algunas descripciones técnicas que explicarían ciertas circunstancias:
En el proceso previo a la relación sexual, durante los juegos de deseo y seducción, se segregan estrógenos por parte de la mujer y testosterona por el hombre. Las primeras hormonas sexuales conservan la atracción femenina, el cabello, la piel y reducen el apetito. La segunda hormona activa la libido, la fuerza muscular, la erección, la producción de semen y disminuye la grasa abdominal. Todas ellas poseen reconocidas propiedades antidepresivas y disminuyen tanto la irritabilidad como la angustia.
Otra sustancia que entra en escena antes del estallido del clímax es el óxido nítrico, sustancia vasodilatadora que permite la erección en el hombre y la lubricación en la mujer, mejorando por tanto la circulación en general.
Durante el orgasmo, la sensación más placentera que puede experimentar el ser humano, se produce un verdadero tsunami biopsicológico con una impresionante descarga de hormonas, enzimas y fluidos. La oxitocina controla el placer sexual, las endorfinas poseen propiedades sedantes y analgésicas, y la prolactina genera la sensación de saciedad sexual temporal.
Después del orgasmo, los neurotransmisores dopamina, serotonina y noradrenalina decretan devuelven al cuerpo a una situación de calma y equilibrio, de ahí que el sexo posee una función reguladora del sueño.
(fuente: www.sxc.hu)
Quienes logran una actividad sexual plena pueden, además de mejorar su estado de ánimo general, tener una mayor y mejor calida de vida general.
Una sociedad con individuos satisfechos, con expectativas y proyectos, puede restar violencia a las relaciones entre sus miembros. Más allá de otros factores sociales y económicos que hacen a la armonía social, restar frustraciones, resentimientos, prejuicios y odios contenidos, aportan una cuota importante.
Ver a la sexualidad como parte esencial de los derechos de los individuos, el respeto a la diversidad de opciones sexuales son características de una sociedad a la que hay que aspirar.
Un factor importante, también, es la información sobre estos temas. Las personas que tienen acceso a la información abierta y libre de prejuicios en temas de sexualidad pueden desarrollar su vida cotidiana alejándose de riesgos para su salud y para la salud general.
Una vida sexual plena es ya un derecho y una necesidad para todos.
