La masturbación, es la actividad sexual en la que los seres humanos inician el conocimiento del placer de propio cuerpo. Luego comienzan las práctica compartidas, el “hacer el amor” en todas sus variantes.
La masturbación, emparentada directamente con las fantasías eróticas, ha sido desprestigiada y condenada por siglos. Los fanatismos religiosos han pretendido reprimir toda sensación placentera, especialmente las relacionadas a la sexualidad.
La definición “técnica” podría ser algo así como “el placer obtenido a través de la estimulación de los propios genitales y/o zonas erógenas”. Esta estimulación puede llevarse a cabo con las manos o con diversos e infinitos “auxiliares” (almohada, muebles, juguetes sexuales o lo que dicte la imaginación).
A partir de la aceptación de la masturbación como una práctica “lícita” y ”normal”, no solamente se libera a las personas de la terrible represión cultural vigente por siglos, sino que se les abre el infinito mundo del placer.
El placer, también ha sido desprestigiado, tenido por frívolo, egoísta e innecesario. Se pretendió “instaurar” en su lugar a la virtud como un estimulante de la vida y las relaciones humanas.
Esto ha convertido a las comunidades humanas en manadas de reprimidos e hipócritas que debían “clandestinizar” su “verdadera vida”.
Luego de una liberación formal de estas pacaterías (que si no fueran peligrosas serían realmente cómicas) habrá que construir un tiempo en que el placer sea un estado buscado, un antecesor del “nirvana” que buscan los orientales.
No tan lejos de estas reflexiones está el día a día. La vida cotidiana. Para salir de una rutina agobiante, para “sublimar” una realidad desesperante, es necesario buscar el placer, para ser más exactos: construir el placer.
La masturbación puede practicarse en soledad o compartida con la pareja. Antes de hacer el amor (para mejorar el clima) o como parte del largo coito que es la vida en común.
Puede ser manual o con ayuda de accesorios o juguetes. Las opciones son infinitas.

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